La competencia de cortos panameños y centroamericanos del festival se caracterizó por explorar el terror a partir de las leyendas populares y la pandemia

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
[email protected]

Tarde, pero seguro. Después de posponer la celebración de su quinta edición por la crisis sanitaria de la COVID-19, el Panama Horror Film Fest se lleva a cabo del 21 al 27 de febrero con el novedoso concepto de “Horror Camp at Home”.

En una primera instancia, los organizadores del certamen apostaron por hacer una versión presencial en el lago Bayano, aunque por el reciente repunte de casos de coronavirus en el pais y las disposiciones del Ministerio de Salud para contener los mismos, mutó a la versión digital que estamos viendo esta semana.

Como siempre, el Panama Horror Film Festival 2021 (PHFF21) está trufado de actividades paralelas como conversatorios, entrevistas, muestra de videominutos terroríficos, concursos express de literatura y fotografía, open mic, fiesta de disfraces y música en vivo, que son una celebración del terror en todas sus formas.

Pero lo que nos compete en esta crónica es la reseña de la competencia de cortometrajes panameños y centroamericanos, sin duda la sección más interesante del festival en los últimos tres años. Este no fue la excepción, con la presentación en sociedad de nuevos talentos como Octavio Bejarano y las nuevas entregas de realizadores más consagrados como Rodrigo Quintero Araúz y Amael Faraouk.

Esta es la selección de cortos panameños y centroamericanos del Panamá Horror Film Fest 2021 que pudimos ver el miércoles 24 de febrero:

  • “La tulivieja” de José Daniel Castillo (Panamá)
  • “La cosecha” de Yoselin Goncalves (Panamá)
  • “Bella fatalidad” de Roger García (Panamá)
  • “Insanire” de Octavio Bejarano (Panamá)
  • “Desaparecido” de Jorge Esteban Pardo (Panamá)
  • “La novia” de César Liang (Honduras)
  • “Estanislao” de Rodrigo Quintero Araúz (Panamá)
  • “La ilusión” de Amael Farouk (Panamá)
  • “Lo que ocultan las tinieblas” de Romeo López Aldana (Guatemala)

DE LEYENDAS POPULARES Y PANDEMIAS

La apuesta programática del PHFF21 fue de carácter ascendente. Es decir, guardarse las mejores propuestas para el final. Al principio de la jornada, en cambio, se dio el espacio a los nuevos directores, empezando por José Daniel Castillo. Castillo presentó “La tulivieja”, aunque más que un corto lo que vimos fue un teaser inspirado en la leyenda panameña. Su premisa no podía ser más sencilla: dos jóvenes que caminan por el campo se disponen a hacer un mandado antes de ir al río con sus amigos. Para ahorrar tiempo, uno de ellos propone tomar un atajo, aunque el otro se niega ya que en ese sendero ha escuchando el llanto de la tulivieja. Al hacer oídos sordos, el “campesino culillao” le lanza a su compañeros la siguiente advertencia: si escuchas sus sollozos cerca, es que la tulivieja está lejos. Pero si los escuchas lejos, es que está cerca de ti. Obviamente, el joven testarudo se topa con ella.

El problema con esta versión de la leyenda es que escatiman detalles importantes del personaje que lo hace único y peligroso, como su característico grito clamando por su hijo muerto o, inclusive, sus pies virados. En este sentido, la actriz escogida para el papel no encaja por su edad en la caracterización del personaje, a pesar de los esfuerzos en vestuario y maquillaje para recrearla. No solo eso, el corto en sí carece de conflicto y desarrollo narrativo. Más bien parece un ejercicio formal y creativo, en vez de uno dramático.

“La cosecha”, de la venezolana radicada en el Istmo Yoselin Goncalves, está inspirado en un cuento de su autoría, al ser escritora de libros de ficción como “El acecho de los inmortales” y “No apagues la luz”. Su premisa resulta intrigante en un principio: Henry formaba parte de una secta en un pueblo borrado de la cartografía panameña. Cuando escapa, acude a un psicólogo con la intención de recordar todos los detalles de su traumática experiencia y, sobre todo, liberarse de las cadenas que todavía lo amarran a este sitio.

Por su planteamiento, “La cosecha” recuerda a referentes modernos y clásicos del género como “Midsommar”, “Martha Marcy May Marlene” y “El hombre de mimbre”. Hasta ahí los parecidos. La película de Goncalves carece de una puesta de escena lógica, al ambientar la sesión con el psicólogo desde el balcón de un apartamento, sin tomarse la tarea de recrear un consultorio. La puesta de cámara también es limitada, al no experimentar con la iluminación, el fuera de foco o el punto de vista al abordar el personaje del terapeuta. No solo eso, la directora abusa de unos diálogos más propios de la prosa que del medio cinematográfico.

“La cosecha” tiene una buena premisa, pero está desaprovechada por su falta de valores de producción y manejo del medio cinematográfica. Eso sí, espero que este proceso de adaptación de su obra literaria al cine no se detenga y más bien se preste para que sus guiones sean llevados a la pantalla grande por otros directores o directoras. En Panamá hace falta una colaboración más estrecha entre el cine, la literatura y el teatro.

El momento más bajo de esta jornada del PHFF21 llegó con “Bella fatalidad” de Roger García. No me quiero extender, pero lo peor de esta historia de una joven y atractiva doctora que invita a un don nadie a su apartamento después de conocerlo en un parque, se resumen en tres puntos claves: 1) la pobreza de su estética y puesta en escena, más propias del videoclip que del cine; 2) un guion que es una oda a la inverosimilitud; y, sobre todo, 3) una mirada machista y expirada que sexualiza a la mujer como una striper y luego la castiga por salirse del recato que se espera de ellas. En todo momento se siente un resentimiento e irrespeto hacia las mujeres que se resumen en su diálogo final: “¡Qué buena que estaba!”. Lo peor de todo no fue los 20 minutos que duró el corto, sino la promesa de que vendrá una segunda parte.

Después de “Bella fatalidad”, llegó el turno de Octavio Bejarano, que participó como director de fotografía en “La tulivieja” y que se sentó en la silla de director en “Insinare” y “Madre”. Se trata de joven realizador chiricano con un entusiasmo contagioso por el cine, como lo demuestra su participación triple en el certamen. También tiene instinto cinematográfico, como demuestra la solidez de su puesta de cámara. Eso sí, le falta poner su talento al servicio de un buen guion, por que como “La tulivieja”, “Insinare” y “Madre” parecen más experimentos o unos primeros pininos en el medio que relatos cinematográficos per se. Eso sí, desde Material Extra lo exhortamos a que siga creando y no se amilane por nuestros comentarios.

Otro experimento formal visto en el festival es “Desaparecido” de Jorge Esteban Pardo, que utiliza el punto de vista en primera persona, propio de la estética de los videojuegos y los nuevos medios, para establecer un plano secuencia efectivo que nos imbuye en la angustiante de un hombre que llega a una oficina donde ocurren cosas misteriosas e inexplicables. Aunque al corto de Pardo le hacen falta una mejor dirección de arte y una puesta de escena que se pusiera más al servicio del suspenso, es una propuesta sorpresiva que concluye con uno de los planos más originales visto en este maratón de películas.

A partir de aquí, el PHFF21 sube el nivel considerablemente. Primero, con “La novia” de César Ling, corto hondureño con sólidos valores de producción, actuaciones y un diseño de su monstruo, una novia que aterroriza a los hombres después de morir en la noche de su boda. El problema es que una vez superado la sorpresa que causa su giro final, queda claro que se trata más de un golpe de efecto que una resolución lógica. ¿Por qué la novia atacaría a las niñas?

“Estanislao” significa el regreso de Rodrigo Quintero Araúz al género de terror después de “Chilibre” y “Entropía”. Sin duda, después de repasar estos tres cortos se demuestra una mirada muy particular, que se inspira en el costumbrismo local y las leyendas ocultas de los campesinos e indígenas panameños para explorarlas a través del género de terror.

“Estanislao” es un paso adelante para Quintero Araúz en su trayectoria como cortometrajista, al presentar un lenguaje cinematográfico y puesta en escena no solo más depurada, sino también más atrevida. Si algo destaca en este corto es su uso de los primeros planos -la mirada perdida del sorprende Daniel Gumbs se presta para este menester-, su sobria dirección de actores y una atmósfera perturbante.

El director utiliza las catálisis de su guion para para diseñar dos secuencias de montajes, a la manera de flashback, que muestra el peligro en ciernes que amenaza a su protagonista. Esto es mérito también de la ingeniosa fotografía de Félix Áviles, la dirección de arte de Marjorie Díaz, la música de David Caparó, el diseño de sonido de José Rommel Tuñón y el montaje de Juan Quirós.

Eso sí, “Estanislao” no aguanta más de un visionado, por culpa de un libreto críptico que confunde el misterio con la falta de información. No se puede desarrollar intriga si no se le da ningún dato al espectador para que se muestre cauteloso. Hay símbolos relacionados con el catolicismo y la brujería, hay un atmósfera amenazante y un extraño loro, pero todavía me pregunto qué me quisieron decir con ese final y con la historia en sí. Una lástima, por que en los vericuetos de este corto había una buena historia.

“La ilusión” fue el mejor corto que nos deparó el PHFF21. Su director, Amael Farouk, es conocido por “Naufragos” y “Rojas”, películas entretenidas y ambiciosas, pero con actuaciones flojas y un extraño regodeo en la violencia que no me terminaban de convencer. Así que mi primera sorpresa fue verlo frente a cámara actuando y que lo hiciera de manera convincente.

La segunda sorpresa y la más grata fue su planteamiento, que se aprovecha del inicio de la pandemia en Panamá a través del anuncio del primer contagio de la COVID-19 y la consecuente pérdida de empleo tras la instauración de uno de los toques de queda más duraderos que hubo el año pasado, para encerrar a su protagonista en su apartamento y explorar el tema de la la adicción de las drogas.

El personaje de Farouk, que tiene la delicadeza de nombrarlo como Sr. Alighiere, en clara referencia al escritor de “La divina comedia”, aunque la película se siente autorreferencial o al menos muy cercana a su artífice, se topa con una bola de papel con crispy. Para dosificarla en los momentos de austeridad, decide guardarla en su refrigeradora solo para descubrir que la próxima vez que la abre la puerta se ha duplicado.

Curioso, el Sr. Alighiere decide poner otra bola de papel con crispy, una rodaja de queso y una moneda martinelli. Para su sorpresa, el queso y el papel se clonan. A partir de aquí comienza la caída a los infiernos del protagonista, que a falta de empleo, dinero y comida, sin contar la terrorífica cobertura mediática que los canales de televisión hicieron de la pandemia, no encuentra otra escape a su realidad que las drogas. Su final, explosivo, no dejará indiferente a nadie.

“Lo que ocultan las tinieblas”, del guatemalteco Romeo López Aldana, tuvo el honor de cerrar la jornada con la historia de una pareja que sobrelleva la muerte de su hija encuartelados en su casa luego que una amenaza que casi acaba con la humanidad hace peligroso salir al exterior.

Aunque la película no aclara cuál es esa amenaza exterior, por el contexto actual es muy fácil relacionarlo a la COVID-19 o a un virus similar. El drama se precipita cuando una niña llega a la puerta de la casa y la pareja se debate, con la culpa por la muerte de su primogénita muy presente todavía, si deben dejarla entrar o no. La mujer quiere hacerlo, pero el hombre se pone violento al sentir que es su responsabilidad protegerlos a ambos. A partir de ahí, la relación entre ambos se degrada hasta un intenso y trágico final. Interesante propuesta, aunque ya vista.

LA APUESTA POR EL TERROR PANAMEÑO Y CENTROAMERICANO

En resumen, aprecié la variedad de historias que presentó la competencia panameña y centroamericana del PHFF21. No sé si por la influencia que tuvo “Diablo Rojo (PTY)” de Sol Moreno y Jota Nájera, los cineastas emergentes panameños se han inspirado este año en las leyendas de terror local para desarrollar sus historias.

Pero si algo hace falta es apropiarse de esas leyendas no para replicar el relat, sino para contar alguno nuevo a partir de ellas haciendo relecturas de estos relatos. Salvo “La ilusión”, me parecen que todas las películas cayeron en un ejercicio de género muy formulaico. Además, me sorprende que después de estar encerrados siete meses en casa por la pandemia de la COVID-19 no surgieran más películas como la dirigida por Amael Farouk.

Por último, destacar la presencia de dos cortos centroamericanos de nivel y la película “El psicópata, crónica de un caso sin resolver” de la costarricense Estafani Céspedes en la programación del festival. Me parece que la singularidad del certamen vendrán de ahora por potenciar la selección de filmes de Panamá y, sobre todo, de Centroamérica. Me gustaría ver de ahora en adelante los aportes del género que puedan surgir de Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador. Si el PHFF quiere convertirse en referencia en la región, pasa por aquí.

SUSCRÍBETE AL NEWSLETTER DEL CINE PANAMEÑO


Suscríbete a nuestro boletín y recibe en tu correo un resumen semanal de las noticias más destacadas del cine panameño, la cartelera semanal de Cine Extra e invitación a los eventos especiales organizados por Material Extra: