Lo mejor: la libertad creativa que tuvo J.K. Rolling para crear un mundo que nos resulta a la vez familiar pero emocionantemente desconocido. Lo peor: la película alude a nuestra actualidad y nos deja mal parados.

¿Puede ser un spin-off mejor que sus películas madres? “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, derivación del Universo Cinematográfico de Harry Potter creado por la Warner Bros y J.K. Rolling, me plantea esta inquietud.

Aunque en mi adolescencia fui lector ávido de la saga de “Harry Potter”, desde “La piedra filosofal” hasta las “Reliquias de la Muerte”, una sensación de decepción siempre me abordaba con cada entrega para el cine, hasta tal punto que preferí ver en formato doméstico sus últimas entregas. Llegué a la conclusión que a pesar del potencial diegético conjurado por Rolling era, simplemente, imposible satisfacer los placeres de la lectura con las limitaciones del cine comercial. Fui víctima del eterno debate: ¿el libro o la película?

Con la primera de lo que se espera sean cinco entregas de “Animales fantásticos”, he llegado inmunizado de este mal. No he leído el libro pero, de todas maneras, creo que si lo hubiera hecho no me hubiera afectado en lo más mínimo porque “Y dónde encontrarlos” tuvo lo que nunca tuvo “La piedra filosofal” cuando llegó a la pantalla grande: libertad creativa.

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El gran placer del filme es descubrir el inventario zoomágico de Newr Scamander.

Me explico: “Animales fantásticos” era una enciclopedia de magizoología con ciertos comentarios y garabatos escritos a mano agregados por Harry, Ron y Hermione durante “El cáliz de fuego” que agregaba información adicional de nuestros personajes favoritos, además de expandir el mundo mágico desde la reseña histórica y no tanto la aventura.

Esta limitante en su formato literario, por decirlo de alguna manera, ha sido propicia para vertiente cinematográfica, ya que sin el lastre de una historia conocida al dedillo por los lectores, J.K Rolling pudo escribir un guión novedoso que se siente a la vez familiar como emocionante desconocido.

Familiar porque durante los largos pero no perceptibles 2:13 minutos de metraje, se hace referencia a elementos icónicos dentro de este universo como Albus Dumbledore, Hogwarts, el Quidditch y algunos de los hechizos que invocamos con fascinación en nuestras lecturas, pero se impone más las novedades, como el Nueva York de los años 20, las fricciones políticas entre magos y no magos pero, sobre todo, las mencionadas criaturas mágicas Newt Scamander.

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El poker protagónico se maneja con una dinámica a "Los tres chiflados".

Sin duda, el momento más genuinamente mágico del filme es cuando por fin podemos entrar en la maleta de nuestro protagonista y revisar su inventario de criaturas mágicas, el cuál se torna también en una crítica aguda a nuestra actualidad donde organizaciones como World Wildlife Fund asegura que para el 2020 se extinguirán dos tercios de las especies animales. Bastante bien lo dice New Scamander: los seres humanos somos del todo el inventario animal, las criaturas más despiadadas del planeta.

Asimismo, la implicación de David Yates -que dirigiera cuatro entregas de “Potter”, entre ellas la Parte I y II de “Reliquias de la Muerte”- aporta cierta consistencia al proyecto. Aunque la verdadera fuerza de “Animales fantásticos” se encuentra en ese poker protagonico de parias entrañables que conforman el ya mencionado Eddie Redmayne como New Scamander, Katherine Waterston como Tin, Alison Sudol como Queenie y Dan Fogler como Kowalski.

Este es sin duda el segundo gran tema de “Animales fantásticos” y es una herencia directa de “Harry Potter”: una apología de los nerd y los rechazados. Después de todos, los personajes más extraños y peculiares son, muchas veces, los más fascinantes. Y “Animales fantásticos y dónde encontrarlos” posee estas dos cualidades para gusto de sus lectores y el público en general.