*Lo mejor: es la película que los fanáticos estaban esperando: divertida, procaz e irreverente.

*Lo peor: una historia en extremo convencional, que solo se sostiene por el carisma de su protagonista.

Desde su particular escena de crédito inicial, un plano congelado que navega por un dantesco tiroteo dentro de una camioneta que está por volcarse, “Deadpool” no haces entender que no estamos ante el típico súperheroe. Mucho menos en una película de Marvel al uso, como nos han acostumbrado con “Los Vengadores” o, primeramente, con “X-Men”, a los cuales se destaja con tanto gusto y sorna en este filme.

Tanto así que en una de las tantas escenas discursivas de la que hace gala el filme, Coloso esposa a Deadpool de su muñeca para arrástralo hasta el Profesor X, a lo que este pregunta: “¿Cuál de los dos? ¿Stewart o McAvoy?”. No son los únicos aludidos, aunque sin duda el que sale peor parado es Hugh Jackman como Wolwerine, al que descabezan por su atractivo físico y su acaparamiento de la franquicia.

Deadpool

Es como si Tim Miller, director de la función, Rhett Reese y Paul Wernick, los guionistas de la historia, o Ryan Reynolds, el rey de esta comedia, supieran algo que no saben los Wolwerine, Magneto, Tormenta, Jean Grey, Cícoplé y demás nombres de esta colección de superhéroes.

O es, simplemente, que a este grupo de renegados no les importa nada más que animar un poco la consabida fórmula Marvel. Porque “Deadpool” es un proyecto de amor, y se nota. Sus artífices sacrificaron taquilla para conseguir la clasificación “Solo para adultos” -aunque sabemos que en Panamá no existe tal obstáculo-, para poder hacer posible una historia digna del personaje.

“El goce de la película no reside en la narrativa, sino en admirar a Reynolds dar rienda suelta a sus palabras sucias, chistes impúdicos y rabietas sangrientas”

El goce de esta película no reside tanto en la narrativa, convencional a más no poder, sino en en admirar a Reynolds dar rienda suelta a sus palabras sucias, chistes impúdicos y rabietas sangrientas. En su pastiche de género, que pasa ágilmente de la comedia slaptick, al terror opresivo, a una extraña historia de amor y el más alocado cine de aventura. Pero, sobre todo,  a esa espiritualidad libre, despreocupada y autoconsciente, alejada de la solemnidad en la que han caído sus demás colegas enmascarados.

“Deadpool” no es una película para todo el mundo, pero es la película que estaba esperando sus fanáticos: divertida, procaz e irreverente. Además, puede jactarse de tener la escena poscrédito de Marvel más hilarante que se recuerde, a pesar de los problemas presupuestario que alude nuestro protagonista y el empeño que tiene de botarnos de la sala reprochándonos nuestro ánimo voyeur.