Lo mejor: una imaginaría visual capaz de sumar adeptos a la causa del cine como lo hizo en su momento “Matrix”. Lo peor: las ganas de explorar aún más el mundo místico de Marvel que te quedan después de ver la película.

Hay una escena en la más reciente entrega del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM), en la que El Antiguo -interpretado, no sin esas estériles polémica raciales, por la genial Tilda Swinton- exhorta a un testarudo Stephen Strange que olvide todo lo que ha aprendido hasta el momento y que abra su tercer ojo, para empujarlo bruscamente a un viaje interior de surreal salvajismo.

 

El mensaje va a más en una de las pocas referencias externas de la película al mencionado UCM: Wong le explica a nuestro protagonista que mientras Los Vengadores son los encargados de proteger a la Tierra de las amenazas físicas, los Hechicheros Supremos lo hacen de las místicas.

De esta manera, la película dirigida y coescrita por Scott Derrickson comparece en el UCM para introducir un elemento inédito en el mismo: la magia y su conexión con la vertiente galacticas que habían explorado en sus confines Thor y Los Guardianes de la Galaxia.

De las entregas iniciaticas de Marvel Studios, “Doctor Strange” le disputa el podio cerradamente a “Iron Man”, “Captain America: The First Averger” y “Guardians of the Galaxy: Vol. 1”. Casualidad no es, ya que el personaje interpretado por Benedict Cumberbatch es una homologación de Tony Stark y Starlord -ustedes saben: un multimillonaria, filatropo, playboy y abudante e innecesario conocimientos pop-, lo que le da sentido a aquellos que creen que el Hechicero Supremo tomará el testigo del primero después de los eventos que sucedan en la cuarta entrega de Los Vengadores.

Con “Doctor Stranger”, Marvel ha hecho su película más valiente en mucho tiempo y nos mantiene esclavizados a sus entregas sin fin de entretenimiento. ¿Cuánto durará el hechizo?

Pero mientras Jon Favreu se apoyó en el carisma de Downey Jr., Joe Johnston en el homenaje al tebeo y James Gunn en el humor pop y el ritmo funky de la acción, Derrickson lo hace con una imaginería visual que dispone a este filme como la demostración técnica más apabullante que se ha producido en Hollywood desde el “Inception”, la clase de espectáculo que suma adeptos a la secta del séptimo arte como en su momento lo hicieron “Viaje a la luna”, “La Guerra de las Galaxias” y “Matrix”.

Más allá del aspecto técnico, “Doctor Strange” también demuestra originalidades narrativas. Su premisa, aunque no llega a la crítica, si cuestiona el imperante raciocinio occidental. Pero más transcendental para esta pluma que les escribe, es el desenlace que propone el filme.

Si entrar en la vedada y odiosa zona de los spoilers, Derrickson se aleja del conflicto directo, burlandose de las devaluadas amenazas del fin del mundo que tanto persiguen los villanos en la actualidad, y propone una solución totalmente inesperada de todas: la conciliación. Sin duda, con “Doctor Strange” Marvel ha hecho su película más valiente en mucho tiempo y nos mantiene esclavizados a sus entregas sin fin de entretenimiento. La pregunta es: ¿Cuánto durará este hechizo?