LO MEJOR: El homenaje que le rinde a los Diablos Rojos y los artistas que los embellecían.

LO PEOR: Comprobar como un oficio, como lo es el de pintor de Diablos Rojos, se pierde por la falta de identidad y inclusión de los gobernantes de este país

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Tal vez sea por mi origen foráneo, aunque este mes de noviembre cumplo una década de vivir en Panamá, pero nunca he logrado comprender la fascinación que despiertan los Diablos Rojos en los panameños. Lo que a mi me parece un sistema de transporte improvisado, peligroso y pesadillesco, para los demás es objeto de añoranza y fervor nacional.

“El arte de los diablos”, documental dirigido por Ben Liao y encargado de inaugurar Documental Panamá 2018, iniciativa de Gente TVN Media y la Fundación Alberto Motta que busca realzar lo positivo de nuestro país a través de la producción de cinco documentales de 15 minutos que se transmitirán por televisión nacional y plataformas digitales desde el 30 de noviembre, es una prueba de ese cariño que les comento.

Con cámara inquieta, ritmo dinámico y una estética muy urbana y colorida, muy propia del objeto al que rinde culto, Liao acompaña a Oscar Melgar Salazar, pupilo del legendario Andrés Salazar, para pintar un Diablo Rojo en su taller, recurso troncal que utiliza para desentrañar toda la cultura alrededor del tuneo de estas bestias mecánicas.

Un tuneo que incluye la pintura, la música, la decoración de las cocas e, inclusive, el voceo de “Los Pavos”, oficios que se encuentra entre la orfebreria y lo artístico, pero que como dejan claro figuras como DJ Yellow, el sociologo Marcos Gandásegui y la curadora de arte Gladys Turner, son un recordatorio importante de lo que fue Panamá como sociedad hasta no hace mucho.

“El arte de los diablos” es sin duda un bonito homenaje a este medio de transporte casi en extinción y seguro será el favorito del público en esta edición de Documental Panamá 2018. Y aunque echo en falta una mirada más crítica sobre este medio de transporte, entiendo muy bien que eso no era lo que buscaba en ningún momento Liao.

Lo que sí me deja este debut, además del entusiasmo en su dirección, es la idea de como personas tan talentosas como Carlos Melgar Salazar quedan relegadas al olvido por un sistema y una visión de gobierno que está lejos de ser inclusivo y, mucho menos, guardianes la identidad nacional de Panamá.

¿Qué tan difícil es incluir a estos artistas y artesanos en el embellecimientos de las unidades del Metro Bus? La modernidad no tiene que estar reñida con lo tradicional, pienso yo, que aunque le tengo pavor a los Diablos Rojos, no me disgustaría en lo absoluto montarme en un Metro Bus que además de acercarme a mi destino, también funcione como lienzo de lo que fue, es y será Panamá siempre.