Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

Cuál es el origen de su apellido, bajo qué circunstancia conoció a su inseparable wookiee Chewbacca, cómo fue la partida con la que le ganó el Halcón Milenario al esquinado Lando Calrissian, cómo recorrió el Corredor de Kessel en menos de 12 parsecs y cómo se convirtió en el mercenario que conocimos, son algunas de las interrogantes que gravitan alrededor del pasado de Han Solo desde su mítica irrupción en “Star Wars: Una nueva esperanza” (1977).

Pero hay algunos misterios que son mejor no desentrañar, y “Han Solo: Una historia de Star Wars”, historia antológica producida por Disney sobre el personaje interpretado originalmente por Harrison Ford, es la constatación de esta máxima. Primero, porque gran parte de estas interrogantes se encontraba en un territorio difuso, en el que el mismo actuar desvergonzado del personaje nos llevaba a plantearnos si eran ciertas o no eran màs que una tomadura de pelo.

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Recorrer el Corredor de Kessel en menos de 12 parsecs no fue tan épico como imaginé.

Además, por muy convincentes que sean las respuesta que nos da esta nueva película, nunca van a ser superiores a las que el fandom galáctico elucubró con el motor de la imaginación colectiva y el añejo de los años. Es por eso que de entrada y sin tomar en cuenta el dictado de la taquilla, “Han Solo: Una historia de Star Wars” es un fracaso moral.

Artísticamente, también. Ya que al filme le hace falta justamente lo que Disney le quitó con el despido de Phil Lord y Christopher Miller: exceso, desvergüenza y un mayor énfasis cómico, cualidades que ni la productora Kathleen Kennedy, ni el guionista Lawrence Kasdan y ni mucho menos el director sustituto Ron Howard supieron entender y potenciar.

También está Alden Ehrenreich, que por mucho que lo intenta, no puede llenar los zapatos de su predecesor en el papel. Hay una diferencia notable en las interpretaciones de ambos, porque mientras el Han Solo de Enrenreich es un chico bueno intentando ser malo, el de Ford era un malo consagrado con buen corazón. Así que considerando que esta es la primera entrega de una trilogía, se le puede dar el beneficio de la duda, esperando que su progresión dramática desembarque en puerto conocido.

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Emilia Clarke llena uno de los planos más bellos y dolorosos de "Han Solo".

No todo es malo en el filme, ya que el elenco de secundarios formado por Emilia Clarke como el interés amoroso Qui’Ra, Woody Harrelson como el mentor Tobias Beckett, Donald Glover como el venerado Lando Calrissian y Phoebe Waller-Bridge como la droide L3-37 forman un ensamble realmente atractivo. Es la subtrama que envuelve a L3-37 y su preocupación sobre los derechos de los droides el mejor gag de toda la película.

Además, cierta revelación final, promete mantener nuestro interés para la próxima entrega. Pero esto me lleva a una reflexión más profunda, que es la involución narrativa que implican las precuelas, historias antológicas o reinicios, que por el ánimo rentista y la cobardía creativa terminan dilapidando legados incólumes. Han Solo no es más que la última víctima de este irrespeto sistemático.

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Waller-Bridge como la droide L3-37 es uno de las gratas sorpresas del filme.