LO MEJOR: Ash Olivera, que ofrece la mejor actuación protagónica del cine local reciente.

LO PEOR: Aunque mejora a la original “Sin filtro”, no necesariamente estamos ante una buena película.

Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

En la escena final de “Sin pepitas en la lengua”, el personaje interpretado por Ash Olivera reconforta a su ex diciendole: “Siempre tendremos WhatsApp”. Para el público casual, esta frase es una ocurrencia propia de nuestros tiempos. Pero para los amante del cine, hablamos de un anatema.

La tecnologia, le dije a un querido amigo después de discutir sobre la película, le ha restado épica al amor. Así, “Casablanca” se difuminuna en la bruma de nuestros recuerdos a medida que los conceptos de romanticismo, sociedad, rol de género, empleo, amistad y familia, pasan por el escrutinio de las nuevas generaciones a través de las ya omnipotentes herramientas digitales.

Sobre este tema va la película dirigida por los hermanos García de Paredes, mejor conocidos como Poti y Cali, uno reconocido por ser la mente creativa detrás de Videos Gallos y músico inquieto en bandas como EX-NOVIOS Y Lemmiwinkis, el otro renombrado productor que ha participado en filmes como “Dark Places” o “Hands of Stone”. Ambos trabajando sobre la base de la película chilena “Sin Filtro”, verdadero fenómeno que ha vendido sus derechos a más de 15 países y que cuenta con adaptaciones en Argentina, España y México.

LA ODISEA MODERNA DE ISA

El elenco joven, liderado por Camila Aybar y Simón Tejeira, son una agradable sorpresa.

Isa Montero, interpretada por la argentina residencia en Panamá Ash Olivera, es un mujer que a los 37 años piensa que lo tiene todo, pero un recurrente dolor en el pecho le recuerda que nada tiene realmente.

Su novio es un artista bueno para nada y el hijo problemático de este se ensaña haciendole bromas pesadas, casi siempre de índole sexual. Su vecino no la deja dormir por las fiestas de música electrónica que hace todas las noches. Tiene una complicidad extraña con su expareja, que es evidente que no ha superado del todo pero que se va a casar dentro de pronto con una mujer que es todo lo contrario a lo que ella representa.

Su jefe ha convertido la agencia publicitaria en la que ha trabajado en los últimos 14 años en un harém privado de modelos y además ha contratado a una fashion youtuber mucho menor que ella como su superior. Su mejor amiga vive obsesionada con su exnovio, pero esa amistad no es reciproca cuando llega el turno de ella de abrirse. Igual que su psicólogo, que prefiere doparla que escucharla.

La vida de Isa es la de una mujer frustrada, una que nunca supo adaptarse a los cambios de tiempo y mucho menos a hacer algo por ella. La única persona que realmente le ofrece afecto es su hermana, pero no la toma en serio por su obsesión con los gatos y su sospechosa felicidad.

Solo después de recibir un tratamiento de hipnosis por parte de un curandero chino, se desahogará de la manera más catártica posible: ¡Mandando a todos a la mierda! Es aquí cuando más brilla Olivera, que nos regala la mejor actuación protagónica que este cronista recuerda en el cine nacional reciente. Aquí también inicia la odisea moderna de su personaje, que tendrá que enfrentarse a la sociedad y a si mismo para encontrar algo tan importante como el amor propio.

SIEMPRE TENDREMOS A ASH OLIVERA

Si “Sin pepitas en la lengua” funciona, es principalmente por Ash Olivera. Su actuación va de menos a más. Al principio, exclava de la base de la que parte el personaje, una mujer opaca y gris que siempre está al arbitrio de los demás, es muy difícil empatizar con ella. Pero también se debe que en este primer acto eché en falta las sutilezas interpretativas que si logró Paz Bascuñan en el filme original.

La primera escena de la película es clave para hacer esta comparación. En ella, el personaje que espiritualmente comparten ambas actrices chatea por WhatsApp con su amigo/expareja muy tarde en la madrugada, luego de que los ronquidos del novio y la fiesta del vecino la despiertan. Cuando ella hace la pregunta clave de si está preparado para su inminente boda y él se toma su tiempo para contestar, Bascuñan logra con su mirada revelarnos la llaga emocional de su Pia, mientras que Ash se ve perdida entre los estertores de su compañero y el suspenso de la pantalla vertical que tiene en frente su Isa.

Donde triunfa Bascuñan, Olivera se quedó un paso atrás. Y viceversa. Porque a partir de la hipnosis del curandero chino, vemos lo mejor de la actriz argentina nacionalizada panameña, una fuerza de la naturaleza que aprovecha esa licencia para decir lo que quiere para dar rienda suelta a todo su carisma y vis cómico. Aquí es cuando nos vemos involucrada con ella como espectadores. Nos identificamos, incluso.

También ayuda un eleco de secundarios con un nivel interpretativo bastante parejo, que permiten a la actriz a brillar mucho más. Porque aunque Tinomatik, Sara Faretra y Diego de Obaldia parecen traer los vicios actorales de la comedia para televisión o redes sociales, otros como Agustín Gonçalves, Simón Tejeira, Miroslava Morales y Camila Aybar son una sorpresa bastante agradable.

SIN FILTRO VS. SIN PEPITAS EN LA LENGUA

Es inevitable comparar "Sin pepitas" con la original "Sin filtro".

Es inevitable comparar a “Sin filtro” con “Sin pepitas en la legua”. Pero en líneas generales, considero que esta versión panameña es mejor que la original. El mérito aquí es de los hermanos García de Paredes, que decidieron simplificar la trama e imprimir un ritmo más rápido al primer acto que en la película de Nicolás López es lento, deprimente y una posee una frialdad propia de la cultura chilena que sin duda juega en su contra.

Además, Poti y Cali apuestan todas sus fichas porque empaticemos con Isa, eliminando ciertas escenas que dificultaban esta tarea, como cuando la protagonista golpea a una yeyesita porque nunca le da paso en el tranque, cuando le ladra de vuelta a un perro hasta asustarlo o incendia el auto de su vecino fiestero cuando este no quiere colaborar con bajar el volumen de la música.

También el humor es más picante, potenciando los chistes sexuales que son muy del agrado del panameño, así como ciertas audacias temáticas. En “Sin pepitas en la lengua” no solo vemos a un personaje fumando marihuana -algo ya visto en el cine nacional en “Kenke”-. También se vio un beso entre dos hombre y un frontal masculino, tratados de manera muy pudorosa es cierto, pero que a ojos de este cronista permiten descorcetar poco a poco nuestra cinematografía de la moral cristiana.

A pesar de todas estas impresiones, insisto en mi idea que el material base no es tan bueno. “Sin filtro” me pareció aburrida y “Sin pepitas en la lengua”, aunque me mantuvo más entretenido, no me hace cambiar de parecer. Si me mantiene enganchado, es por su heroina. Así como Rick e Ilsa siempre tendrán a Paris e Isa y Gabriel al WhatsApp, nosotros tendremos a Ash Olivera para ir al cine a ver esta nueva propuesta del cine panameño.