Escrito por: Carlos Silva Benítez (@charlesstone25)

Es bastante probable que hayas escuchado “Knockin’ on Heaven’s Door” interpretada por algún rockero antes de descubrirla en su contexto original. Cada generación ha tenido su versión (por ejemplo, a mí me llegó primero vía Guns n´ Roses) y no sería exagerado tildarla de “himno”, porque a estas alturas del partido ha demostrado ser eterna y atemporal.

La balada fue escrita y grabada por Bob Dylan en 1973 para la banda sonora de la película “Pat Garrett & Billy the Kid” dirigida por Sam Peckinpah. Spoiler alert, es la mejor composición del soundtrack. En apenas dos minutos y medio de duración, la bendita composición de Dylan, con su melodía memorizable y tarareable, te hace sentir nostálgico o triste sin saber muy bien porqué.

OK, es fácil intuir que el combo metáfora + onomatopeya de “Knock-knock-knocking on Heaven’s Door” significa estar en el umbral entre la vida y la muerte, pero uno no logra ponerle el dedo en la llaga a otras frases como “Mama, put my guns in the ground. I can’t shoot them anymore” (Mamá, deja mis armas en el suelo. Ya no puedo dispararlas nunca más). ¿Quién es el dueño de esas pistolas y qué le pasó para que tenga que colocarlas con ayuda de su madre?  

Pero, oh coño, cuando conoces el contexto de esas letras…

LA PELÍCULA

La historia de “Pat Garrett & Billy the Kid” es más grande que la vida misma. Es sobre una amistad que se rompe cuando Pat Garrett, antiguo compañero del fugitivo William Bonney (alias Billy the Kid) es contratado por terratenientes ganaderos y nombrado sheriff para asesinarlo legalmente. Como todo relato enmarcado en el Viejo Oeste, es una amalgama entre vida real y leyenda. Por lo tanto, no podía ser de otra manera que el mítico director Sam Peckinpah eligiera este tema como su canto de cisne al género western.

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Peckinpah (director), Coburn (Pat Garret) y Kristofferson (Billy the Kid).

Sam Peckinpah también fue una figura inconmensurable. Autor de obras viscerales como “The Wild Bunch”, “The Iron Cross” y -la favorita de quien escribe estas líneas- “Bring me the head of Alfredo García”, el cineasta nos legó una filmografía que ni pide disculpas ni demuestra complejos (Trivia: la guinda en el pastel es que dirigió todas sus películas estando borracho, ya que era un alcohólico perdido).

La obra de Peckinpah destila pura incorrección política y la une, si acaso, un sentido del honor que va más allá de la ley: el acuerdo tácito de un apretón de manos… de cuando la nobleza de un hombre se medía por el valor de la palabra dada.

El film fue producido a inicios de la década de los 70 y encierra un drama paralelo entre Peckinpah y el estudio MGM, que le arrebató la película y la reeditó sin respeto alguno por su visión. No fue sino hasta años después que, habiéndose robado una copia al estudio, el director pudo reordenarla. Pero ese es un cuento para otra columna.

LA ESCENA

Volviendo al drama que sí quedó en el celuloide, “Pat Garret & Billy the Kid” presenta una reflexión tétrica sobre el precio del dinero y una clasificación grisácea del bien y del mal: es muy jodido que tu amigo te traicione para forrarse él de plata, mucho más si lo hace respaldado por “los buenos”.

Uno de esos buenos es el sheriff Colin Baker, quien se une a Pat Garrett en la búsqueda del Kid y termina siendo herido de gravedad en un tiroteo. Baker es un personaje secundario, pero su muerte a orillas del río Pecos es la escena más memorable del film, en gran parte por la composición musical de Bob Dylan. (Trivia: la escena no estaba en el guión y fue rodada alrededor de una improvisación).

Al principio dije que lo más probable es que uno conozca la balada mucho antes que el film para la que fue compuesta. Por eso, en el primer visionado la piel se eriza al instante en que comienzan a sonar los compases instrumentales de “Knockin’ on Heaven’s Door”. Es un momento “¡Eureka!”: ¡Coño, así que esto es lo que significa la frase “Mama, take this badge off of me…!” (Mamá, quítame esta placa de encima…). Es el peso de la conciencia del personaje, que selló su destino por algo de dinero.

Hay un riesgo al que se la juegan los cineastas cuando usan canciones conocidas para subrayar algún momento de sus películas, saliendo victoriosos solo cuando logran complementar una con la otra. “Pat Garrett & Billy the Kid” tiene en sus entrañas un temazo que se ha hecho más grande con el paso del tiempo gracias a la titánica figura de su autor y a su composición, simple y efectiva.

Pero déjenme decir algo sobre “Knockin’ on Heaven’s Door”: es imposible desasociarla de “Pat Garret & Billy the Kid”. Imposible.

Y se ha ganado esa trascendencia gracias a Peckinpah y la estructura de la escena en cuestión. Baker se retira de la balacera para contemplar su propio fin. Es un momento de paz entre el hombre y su destino, bajo sus propios términos, cuando acepta que sus decisiones, no sus posesiones, son lo único que se llevará al más allá. El personaje se desangra en paralelo al leve fluir del río en una de las muertes más demoledoras del cine, abriendo un paréntesis en la trama e invitándonos a reflexionar sobre nuestra propia e inevitable mortalidad.

El título “Knockin’ on Heaven’s Door” es una metáfora, sí, pero sus estrofas son bien específicas a la película, y en conjunto otorgan un significado más profundo. Film y tonada se enriquecen mutuamente.

Y ahora la canción mola mucho más.

Pat Garret & Billy The Kid (1)

Slim Pickens (Colin Baker)

El gran atractivo del género western radica en su posibilidad de darnos respuestas a por qué hoy somos como somos y estamos como estamos. Al estar ambientado en el fin de una era y en el inicio del mundo más cercano al nuestro, nos permite aprender de la historia y corregir los males a los que hemos sucumbido como personas y como sociedad, o aceptar nuestra naturaleza sombría e intentar controlarla. Pero si una lluvia de balas se llevó a todos los cowboys y al escampar quedaron solo los inescrupulosos y los millonarios, entonces, tal vez, “It’s gettin’ dark, too dark to see…”