Escrito por: Carlos Silva Benítez (@charlesstone25)

La primera canción de música electrónica de la historia es una versión de “Daisy Bell (Bicycle Built for Two)”, una tonada infantiloide de 1892, también famosa por marcar la muerte del villano más maldito de toda la filmografía de Stanley Kubrick: HAL 9000 en “2001: Una odisea del espacio”.

Para muchas personas (incluido Esteban), “2001” es una innovadora joya de ciencia-ficción que “se ve… pero no se entiende” dado su peculiar estilo narrativo, con saltos abismales de espacio y tiempo, diálogos casi inexistentes y la presencia de un monolito negro que (puede) simbolizar la existencia de inteligencia superior extraterrestre que guía a los humanos en sus momentos más significativos.

La película

“2001” comienza con los estruendos sonoros Do-Sol-Do, de “Así habló Zaratustra” de Richard Strauss, indicando que “algo” va a pasar. En la tierra, el monolito negro se manifiesta ante los ancestros del homo sapiens, a tiempo para el nacimiento de la humanidad: un simio usa el hueso de un animal muerto como herramienta para caerle a palos a otro primate. Luego, lo lanza al aire y, de un fotograma a otro, el hueso se transforma en nave espacial.

classic film sci fi 2001 a space odyssey

Stanley Kubrick nos regala la elipsis de tiempo más brutal de la historia del cine.

En el futuro, unos científicos desentierran en la luna (¡sorpresa!) otro monolito negro, activando una alarma interestelar dirigida a Júpiter. Entonces, envían a un grupo de astronautas a bordo de una nave dirigida a Júpiter y pilotada por una computadora llamada HAL 9000, único conocedor del misterioso propósito de la misión y que podría develar la respuesta al sentido de “la vida, el universo, y todo lo demás”. Ante tanta presión, HAL pierde la cordura, pasa de las “tres leyes” y trata de matarlos a todos.

Se desata entonces una lucha por la supervivencia entre hombre y su creación (o “herramienta” ¯\_()_/¯) de la que solo queda con vida el astronauta Dave Bowman, quien encuentra al monolito orbitando Júpiter y es arrastrado hacia un vórtice de luces y fenómenos extraños. La vaina es impresionante. Total que Dave despierta en una habitación donde se le aparece, nada más y nada menos que el monolito negro. Vuelven a sonar los acordes de “Así habló Zaratustra” indicando que “algo” va a volver a pasar: Dave renace como el primer súper hombre en un salto evolutivo solo comparable con el de la elipsis del hueso/nave espacial. The end.

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Cualquier fotograma sería el logo perfecto para esta sección.

2001 es una película espectacular, incluso con su lennnnnto ritmo y larga duración, ya que triunfa en dos niveles: uno visual y otro subconsciente. Vayamos más despacio.

Stanley Kubrick estructura un relato con su habitual precisión quirúrgica, que, lejos de llamar la atención sobre sí misma, acentúa el contenido del film y prescinde casi por completo de diálogos, liberando a la película de la jurisdicción racional de la palabra, y por ende, del intelecto.

Dicho de otra manera, el director nos invita a sustituir la razón por los sentimientos, ya que no hay manera de descifrar empíricamente los misterios del universo. Si vamos a conectar con una odisea espacial sobre el origen y el futuro de la humanidad, que de paso es optimista, coño, pues más vale que nos hable al corazón y al alma.

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Por si no quedaba lo suficientemente claro con el primer collage.

La música

Para lograr esa conexión, la música se convierte en el aliado perfecto. En efecto, Stanley Kubrick, cuya filmografía entera se beneficia del uso magistral de imágenes con música, se luce en “2001” huyendo del cliché de “banda sonora espacial” y coreografiando secuencias con tonadas clásicas, elegantes (“El Danubio Azul” de Strauss) y acojonantes (el “Requiem” de Ligeti) con tal tino, que por años han seguido influenciando otras obras de ciencia-ficción, ayudándolas a envejecer como el vino al no estar datadas a cualquiera que fuese la moda del momento.

Por ejemplo, el film abre y cierra con las notas de la canción “Así habló Zaratustra” (basada en el libro de Friedrich Nietzsche que anuncia la llegada de un superhombre) y cuyo impacto dramático es hoy sinónimo de épica tras ser aprovechado desde la BBC (para transmitir la llegada a la luna) hasta Elvis Presley (para dar inicio a sus conciertos). Gracias a “2001” es considerada una de las piezas musicales más famosas en la historia del cine.

Sin embargo, el momento musical cumbre queda reservado para la muerte de HAL 9000, musicalizado con “Daisy Bell (Bicycle Built for Two)”. Su presencia en la película es un guiño al ancestro de HAL, la IBM 704, que cantó esa misma pieza en 1961 convirtiéndose en la primera computadora programada para “cantar” mediante la síntesis de voz (estilo Stephen Hawking).

Pero, más allá del easter egg, (simpático, aunque haya pasado por alto para la mayoría del público, Esteban incluido) ¿por qué usar a Daisy Bell, de entre todas las melodías de la humanidad, para despachar al villano de la película? Recordemos lo que está en juego: si Dave Bowman pierde la batalla entre máquina y humano, será HAL quien se beneficie del tuneo evolutivo del monolito.

La escena

En la secuencia que acabamos de ver, el drama se intensifica por yuxtaposición. A las puertas de su muerte, la máquina exterioriza su cercanía con su creador a través de la música, suplicando por su vida mientras escuchamos en paralelo la historia del personaje de la canción quien pide matrimonio a la chica titular. Ambos hacen grandes peticiones y quieren obtener una respuesta afirmativa, pero la de HAL termina en tragedia. (Aunque pensándolo mejor, tal vez el enamorado de Daisy Bell también… ese es otro misterio sin respuesta).

Dicha muerte podría estar marcada por un réquiem, o por un himno. Pero la ocurrencia de HAL de ponerse a cantar sella la ambigüedad de la escena porque no sabemos si enloqueció más, si revirtió a un estado básico (infantil) o si está manipulando en un último acto maquiavélico.

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El uso de música preexistente desató una polémica en la industria del cine.

Cuando Stanley Kubrick filmó 2001, usó música temporal para ayudar al equipo a meterse en la atmósfera de cada escena. Al momento de editarla, se convenció que no hacía falta cambiar la banda sonora. Ahora, ¿cómo es que el director, sempiterno meticuloso, finiquitó su obra maestra con las primeras piezas musicales que se le ocurrieron? Dada la temática del film, es posible que la intuición haya suplantado su habitual metodismo.

No sé. Yo tengo esa corazonada.