Escrito por: Carlos Silva Benítez

Años antes de convertirse en un señor, padre de familia y ganador del Oscar, Trent Reznor se encontraba en un sitio lóbrego. Era 1994, y el genio musical de Pennsylvania era una dicotomía andante. Su vida privada transcurría entre problemas de drogas y depresión, mientras su banda, Nine Inch Nails, era aclamada por crítica y público gracias a The Downward Spiral, un álbum conceptual sobre la destrucción mental, moral y física de un hombre, grabado para más inri en la mansión donde la familia Manson asesinó a Sharon Tate.

Uno de los sencillos promocionales y pieza central de ese disco fue Closer, cuyo coro incluye la infame frase “I wanna fuck you like an animal, you get me closer to god” (“Quiero follarte como un animal, me acercas a dios”). La lujuriosa canción fue acompañada por un vídeo que procesaba imágenes religiosas a través de lo profano y lo carnal, desatando más de una polémica que Trent Reznor supo capitalizar para posicionarse ante sus hordas de fans como un autor extremo, provocador y sin mordaza.

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Por andarse sin mojigaterías, el vídeo fue censurado en su época.

En esa época, un joven director proveniente del mundo de los videoclips estaba por consolidar su reputación en Hollywood, apostando todas sus fichas al siete. Y aunque cueste creer que alguien tan consagrado como David Fincher pudiese haber estado en la mira de los críticos y en aprietos con los estudios de cine, lo cierto es que el joven prodigio había malogrado su debut en la pantalla grande. Situémonos en contexto.

David Fincher comenzó su carrera como asistente de cámara en dos películas que tal vez les resulten familiares: “Return of the Jedi” e “Indiana Jones & the Temple of Doom”. De allí, pasó a dirigir spots publicitarios para Pepsi, Converse, Sony y Chanel hasta abrir su productora, llamada Propaganda Films, desde la que hicieron sus primeros pinitos Michel Gondry, Spike Jonze y Mark Romanek, entre otros. Ante tal pedigrí, Hollywood no tardó en invitarlo a dirigir su primer largometraje: Alien 3 (1992), que fue una ?.

Así que, con “Seven”, su segunda (y tal vez última oportunidad), David Fincher necesitaba demostrar su valía para dominar la narrativa. Para ello, reunió un dream team artístico y técnico que lo ayudara a exprimir todo el potencial de un guión maldito, previamente rechazado por Guillermo del Toro, David Cronenberg y hasta Denzel Washington, quien lo consideraba “oscuro y ruin”.

La película

Seven narra la investigación para atrapar a un asesino en serie que despacha a sus víctimas con recreaciones/castigos muy gore de los siete pecados capitales: pereza, ira, envidia, soberbia, lujuria, gula y avaricia. Demás está decir que el director salió airoso del proyecto y recibió las llaves del reino: carta blanca y presupuesto para hacer, de allí en adelante, lo que le diera la gana.

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…y hasta ahora lo ha sabido aprovechar.

Volviendo al film, David Fincher tuvo el acierto de convertir la secuencia de créditos en una mini obra maestra para dejarle bien claro a la audiencia que Morgan Freeman no iba a estar por ahí conduciendo a ancianitas, y que lo que venía sería devastador y muy, muy sombrío.

La escena

Para transmitir esa primera impresión, unió fuerzas con el diseñador gráfico Kyle Cooper, quien seleccionó Closer como punto de partida para componer un collage visual y sonoro que sumerge al espectador en el dantesco mundo interior del asesino John Doe. 120 segundos bastan para mostrar actos de un perturbado fanático religioso, quien se corta las huellas dactilares con una hojilla de afeitadora, cose cuadernos con cabellos humanos y crea un artilugio con ganchos (que la película se encarga más delante de mostrar para qué es… y es horrible).

En la mayoría de los casos, la secuencia de créditos inicial significa poco más que una imposición sindical. Por eso, si se emplea con astucia, puede trascender su propósito y convertirse en el prólogo de la película, estableciendo el contexto en el que se desarrollará la historia y enfatizando el tono en el que será contada.

Ejemplos notables, “To Kill a Mockingbird” (1962), que aprovecha sus primeros momentos para mostrar el inocente mundo infantil de Scout Finch; “A Hard Day’s Night” (1964) que sienta las claves visuales del mito de la Beatlemanía por la vía del cinema verité; o “Watchmen” (2009) que sitúa la acción en un universo paralelo al compás de Bob Dylan. En resumidas, se trata del complemento perfecto: así como la relación entre un libro y su portada, la secuencia aporta valor al producto final.

Veamos:

La versión de Closer que acompaña la escena es un remix siniestro llamado “Closer Unrecalled” (y está en Spotify), que omite las partes cantadas, guardándose las joyas “Like an animal, you get me closer to god” como única fuente lírica, tal vez para subrayar la obsesión teísta del villano, o porque sus sonidos chirriantes, que rebotan en arritmia contra el compás del tema, son idóneos para sustentar la metáfora sónica de un desequilibrado emocional que opera con precisión sistemática. Sea como sea, la selección de imágenes sugerentes y títulos escritos a mano contrapesan con el “más es más” de Trent Reznor de esa época.

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La secuencia fue producida de manera análoga, es decir, sin efectos CGI.

Tras su estreno en cines, Seven se convirtió en un éxito de crítica y de taquilla, revitalizó el género noir, proyectó las carreras de Brad Pitt, Morgan Freeman y Kevin Spacey (quien ese mismo año se robó el show en “The Usual Suspects”) y dio el pistoletazo de salida al renacimiento del arte de los créditos iniciales. Con los años, El IFC Films le dio medalla de bronce en su ranking de las mejores secuencias de títulos de todos los tiempos y el New York Times la calificó como una de las innovaciones en diseño más importantes de la década.

Seven también marcó el inicio de una fructífera relación profesional entre el director y el músico, quienes encontraron redención (personal, para Trent Reznor; artística, para David Fincher) gracias a la sinergia resultante de un trademark compartido: lo elegantemente escabroso. Ambos descendieron hasta las profundidades para ascender a lo más alto… al igual que la noche, que siempre es más oscura antes del amanecer.