Escrito por: Carlos Silva Benítez

El favoritismo hacia a una pieza cultural depende del significado personalizado que dicha obra represente para quien la consume, indistintamente de su valoración por críticos o consenso popular. Esto, expresado de manera menos pomposa, quiere decir que una canción preferida siempre va ligada a recuerdos que reviven con cada escucha y hasta va enriqueciéndose con el tiempo, mientras nos acompaña como una banda sonora de nuestra vida.

En lenguaje cinematográfico, esto se conoce como un leitmoif, es decir una pieza musical que acompaña a un personaje o simboliza una idea, y por tanto, se escucha varias veces dentro de una película. El leitmotif más famoso del séptimo arte es, sin duda, el “dundun-dundun-dundun” de Jaws, cuyas notas pasaron a ser sinónimo universal de un tiburón desde su estreno en 1975.

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Otros ejemplos notables: casi puedes escuchar la música con tan solo ver un fotograma.

Alrededor de esa época nació The Clash, una de las bandas de punk más influyentes de todos los tiempos, gracias a sus letras de marcado corte político de izquierdas y canciones aliñadas con influencias de ska y reggae jamaicano, que llamaron la atención de otros músicos que no necesariamente se identificaban con el punk. Por ejemplo, U2, The Strokes, LCD Soundsystem y hasta Los Fabulosos Cadillacs, son fans declarados y deben parte de su sonido a la herencia musical de The Clash.

La canción

La gran ironía es que, de todas sus grandes canciones, la banda es más reconocida por Should I Stay Or Should I Go (“debo quedarme o debo irme”), rara avis en su discografía, al cantar sobre un amor no correspondido que, para colmo, es más pop que rock.

Should I Stay Or Should I Go fue uno de los singles de Combat Rock (1982), el último álbum con el lineup original de la banda, y único número uno en Reino Unido, posición a la que ascendió ¡diez años después! por esas vainas raras del destino que no se pueden explicar (aunque yo apuesto lo que sea que es gracias a su sempiterna presencia en el repertorio de TODAS las bandas novatas de versiones). Hablando de cosas extrañas, Should I Stay Or Should I Go resurgió hace poco en Stranger Things.

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La “película”

La serie de Netflix, a la que considero más bien una película muy larga ciencia ficción, gira en torno a la desaparición del niño Will Byers, abducido por una criatura maligna al “mundo al revés”. Stranger Things destaca por muchas cosas que sus creadores, los hermanos Duffer, supieron hacer bien, como el juego de “veo, veo referencias a películas clásicas de los 80’s”.

De igual manera, en lo que compete a la música, acertaron por partida doble. De entrada, contrataron al talentoso dúo Michael Stein y Kyle Dixon de la banda electrónica Survive, quienes compusieron un soundtrack muy acorde a la música con la que se ambientaban las películas que Stranger Things homenajea, en particular las de John Carpenter.

Pero dieron en el clavo al utilizar Should I Stay Or Should I Go como leitmotif de los hermanos Byers: Will y su hermano mayor, Jonathan.

La escena

Si mi memoria no me falla, la canción hace su entrada triunfal en la serie cuando Jonathan la escucha en la radio, recordándole un momento crucial del que somos testigos vía flashback: mientras sus padres discuten en segundo plano, Jonathan actúa de manera protectora invitando a Will a escuchar The Clash. Entre las perlas de sabiduría que le imparte, le suelta esta: “papá quiere que te gusten cosas normales y no deberían gustarte solo porque otros te lo digan”.

La secuencia es la clave de esta historia porque suceden muchas cosas de manera simultánea. Es el momento en que el joven Will aprende la importancia de tomar sus propias decisiones. También es el punto en el que Should I Stay Or Should I Go se convierte en su canción favorita, quedando por siempre anclada en ese recuerdo y que le servirá de mantra para recobrar fuerzas durante su secuestro en el mundo al revés.

Cada vez que la canta, Will se mantiene emocionalmente cerca de sus seres queridos.

Los hermanos Duffer pudieron haber utilizado una composición original como leitmotif y habrían tenido estupendos resultados. Por ejemplo, Desde Wagner hasta John Williams, muchos compositores han escrito piezas instrumentales que subrayan narraciones. Pero en estos casos, muy válidos por cierto, la música es exclusiva para el público. Dicho de otra manera, no forma parte de lo que están viviendo los personajes porque ellos no pueden oírla.

Por eso es que al incorporar Should I Stay Or Should I Go dentro de la historia narrada, los Duffer enriquecieron el mundo interno de sus personajes y lograron comunicarnos un mensaje poderoso: una canción preferida es indivisible de nuestra identidad, producto de nuestros gustos y decisiones. Cada vez que la escuchamos, somos capaces de revivir un momento que guarda especial significado. Para Will Byers, la música es el camino de regreso a casa.

Es un cliché, pero maldita sea, es verdad.