Escrito por: Carlos Silva Benítez (@charlesstone25)

No podían pasar demasiadas entregas de esta columna sin mencionar a Quentin Tarantino, santo patrono del mixtape cinematográfico, con perdón de Martin Scorsese y Cameron Crowe. Su filmografía rebosa personalidad a base de un soberbio uso del mix & match, saqueando la memoria colectiva pop del cine, la televisión y el rock n’ roll para entregarnos momentos icónicos con la aparente facilidad con la que un prestidigitador saca conejos de su chistera.

Pero su arte, aunque efectista, no se ciñe al mero uso de trucos. Por ende, llamarlo mago sería caer en reduccionismos. QT está más bien a medio camino entre un chef y un científico loco: 50% artista y 50% hombre de método. Como el Dr. Moreau, amalgama recuerdos y los condimenta con referencias hasta obtener algo que nos resulta peculiarmente conocido y a la vez inédito.

Lo que despierta admiración, entonces, es el sexto sentido que tiene para verter en su crisol audiovisual los más insospechados ingredientes, sabiendo perfectamente qué emociones van a producir cada uno de sus brebajes.

En la cosmovisión de QT, todo tiene igual relevancia cultural. Y todo vale…

La canción

La canción para hoy, tan difícil de elegir entre tantas opciones “tarantinescas”, va en línea con lo impredecible de sus historias. O, en palabras de Chuck Berry, You Never Can Tell.

Charles Edward Anderson Berry, mejor conocido como Chuck Berry, es un prócer del rock n’ roll que ayudó  a definir el género con su look, actitud, teatralidad, joyas immortales como “Roll Over Beethoven” (1956) y “Johnny B. Goode” (1958), entre muchas, y terminó siendo citado por The Beatles y The Rolling Stones como influencia en sus carreras.

Pero a la par de su fama, se fue creando otro tipo de reputación, comenzando a la temprana edad de 18 años con una sentencia por robo a mano armada y seguida por sendas condenas: más años en la cana por andar con una camarera menor de edad con “propósitos inmorales”, y luego por evadir impuestos.

Estando preso a principios de los 60s, Chuck Berry escribió “You Never Can Tell”, una historia de amor en todo sentido de la frase, narrando el matrimonio prematuro de una pareja de adolescentes y (contra todo pronóstico) la feliz vida marital que llevan con el pasar de los años. La guinda del tema viene cortesía de su frenético compás de twist, un ritmo que va de maravilla sobre la gran pantalla… y que lo diga Marty McFly.

Todos estos elementos calzan a la perfección dentro del universo facineroso de Pulp Fiction, por lo que su uso en la mítica escena de baile en el Jackrabbit Slim’s no puede ser producto de la casualidad.

La escena

younevercantell-guion

 

En el guión original, la escena es ligeramente distinta, pero la esencia es la misma

El corazón de la escena es la puesta a prueba de la lealtad del matón Vincent Vega (John Travolta) hacia su jefe Marsellus Wallace, ante un cúmulo de elementos que inclinan la balanza en contra de su instinto de supervivencia: Vincent lleva a cenar a Mia Wallace (Uma Thurman), la esposa del patrono, el mismo día que se entera que a un tal Tony Rocky Horror lo lanzaron de un 4° piso solo por darle un masaje de pies.

Vincent acude cuasi obligado a la cita, a la que considera un compromiso de trabajo, hasta que conoce a Mia y saltan chispas. De esta manera, llegan al restaurante Jackrabitt’s Slim, un lugar que sintetiza la apoteosis cinéfila de QT, con referencias a Hollywood desde los camareros, la decoración y hasta el menú. Yada, yada, yada, “Ed Sullivan” y “Marilyn Monroe” anuncian un concurso de baile y Mia convence a Vincent para participar (y ganar).

El primer aspecto a destacar de la secuencia es la disolución de la línea entre ficción y “realidad”, en un claro juego de complicidad con la audiencia que tiene años sin ver a Travolta y quiere verlo contonearse de nuevo como el ícono de la pista de baile que es, animándolo con pensamientos a que persiga a Mia, quien a su vez le lanza unas miradas cero ambiguas mientras corteja cual Ave del Paraíso.

younevercantell-baile

El baile entre Mia y Vincent invoca a "The Aristocats" y "Bande à part".

Resuenan las notas de “You Never Can Tell“, una fantástica selección musical que enriquece cada fotograma con el contraste entre las letras de amor idílico de Pierre y su mademoiselle (escritas por un presidiario, recordemos) y la incitación a sucumbir ante los avances de Mia. QT aprovecha para invocar películas pasadas, desde Saturday Night Fever, pasando por “The Aristocats” hasta “Bande à part” de Jean-Luc Godard, confeccionando un cóctel cuyo ingrediente secreto es nuestra confabulación como audiencia convertida en diablito sobre el hombro de Vincent, al mejor estilo cartoon.

La escena termina con una elipsis de tiempo en la que vemos a la pareja, con unos tragos encima, llegar a la residencia Wallace, bailando un tango con trofeo en mano. Su gran legado es la repercusión universal como clases de bailes “for dummies”. Ya quisiera conocer yo la primera persona que en una fiesta, por gusto o arrastrada, no haya hecho jamás los gestos manuales de John Travolta y Uma Thurman.

Pulp Fiction nos regaló, a los que nacimos con dos pies izquierdos, la ilusión de “saber bailar” con solo mover las manos hacia atrás a lado y lado de la cara. Así es la vida, nunca se sabe.

gif-umagif-travolta