La segunda entrega de la trilogía del desprecio del director guatemalteco Jayro Bustamante aborda el tabú de la homosexualidad y las terapias de conversión en América Latina

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
info@materialextra.com

Pablo es un hombre blanco, estudiado, exitoso, pudiente y casado con una hermosa mujer con la que tiene dos hijos a los que adora, y ellos a él. ¿Su único problema? Asumir su homosexualidad en Guatemala, un país donde el 98% de la población es religiosa y se discuten leyes que limitan los derechos de la comunidad LGTBIQ+.

Aunque nada de esto lo sabemos cuando comienza “Temblores”. Más bien el filme empieza in media res, sin darnos chance de acomodarnos en nuestro asiento cuando vemos a Pablo, atribulado, manejando hacia su casa, entre la lluvia y el caos vehicular, donde su familia lo espera. 

Crítica: “El despertar de las hormigas”, las proclamas de un cuerpo que arde

Pablo es incapaz de enfrentarlos, y se encierra en su cuarto. De alguna manera, que el director nunca nos revela, ellos se ha enterado de su secreto y se sienten ofendidos por la revelación. Cada uno de ellos busca hacerlo recapacitar, mientras él se esconde debajo de las sábanas de su cama.

Solo un temblor permite a Pablo escaparse de esta embarazosa situación, con el pretexto de buscar a sus hijos para comprobar si están bien. Lo que es común en una país volcánico como Guatemala, se convierte en este filme en una metáfora de lo que significa la homosexualidad en una nación tan conservadora.

A partir de aquí empieza la tragedia de Pablo, que perderá su trabajo, su familia, su matrimonio, sus hijos e, incluso, su privilegiado estatus social. En pocas palabras, sufre una muerte civil por ser homosexual. La única persona que lo acompaña en el oprobio es Francisco, su nueva pareja, que le advierte de lo que implica asumirse en el país en el que nacieron. “Esto no es Luxemburgo”, le dice.

Hay varios aciertos en el filme de Bustamante que hace de “Temblores” un filme especial, empezando por el guión. Al pertenecer Pablo a la clase alta de Guatemala, desprende al drama de cualquier connotación relacionada con la pobreza o la falta de oportunidades, que desvíe la atención a lo que nos quiere contar el autor.

El trabajo de fotografía de Luis Armando Arteaga destaca por la atmósfera de opresión que se palpa en la película, a través de la luz brumosa que penetra en todos las locaciones de la película. Esta es naranja y agresiva en la hacienda familiar, azul y de fría en la iglesia y cálida en el apartamento que comparte Pablo con su amante.

Este trabajo es acompañado, a su vez, con la dirección de arte de Pilar Peredo y el diseño de vestuario de Beatriz Latán. Ambas aportan para crear ambientes y vestuarios adosados con elementos de atrezzo e indumentaria anacrónicos que transmiten los valores conservadores e, incluso, retrógrados de la familia de Pablo. 

Aunque sin duda, el aporte más valioso de “Temblores” es el compromiso de Jayro Bustamante de denunciar el tabú de la homosexualidad y las terapias de conversión puestas en práctica por los cultos católicas y evangélicos en Guatemala, donde te venden la cura la homosexualidad o represión de la sexualidad a través de tratamientos que son considerados crímenes de lesa humanidad.

Es aquí cuando Bustamante no solo señala el absurdo de estas prácticas, cada vez más comunes en Guatemala y en el resto del mundo. También destaca su efecto contraproducente, con una puesta de escena cargada de detalles que inflan de una tensión erótica el proceso de reconversión de Pablo, que ha de asumirse como lo que no es, un hombre heterosexual, para recuperar los derechos que le fueron desprendidos.

En Guatemala, “Temblores” causó polémica como no podía ser de otra manera. Una dirigente política, con aspiraciones a la vicepresidencia del país, publicó un comunidad diciendo que la Unión Europea financia la película para avanzar una agenda LGTBIQ+ para destruir a la familia guatemalteca.

Crítica: “La batalla del volcán” y ese olvido tan centroamericano

En Panamá no generó el mismo revuelo, pero sí tuvo la virtud de la puntualidad, ya que se transmitió el mismo día que la Iglesia Católica se opuso a que llamen matrimonio a la unión entre personas del mismo sexo. Todo esto después de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos instó al Estado panameño a reconocer los contratos de matrimonio entre personas del mismo sexo.

Razón tiene Jayro Bustamante de llamar esta serie de películas que conforman “Ixcanul”, “Temblores” y “La llorona” con el título de “Tríptico del desprecio”. En este caso, el desprecio de la Iglesia por la libertad individual. El desprecio a lo diferente. El desprecio a lo desconocido. El desprecio a todo lo que salga de los márgenes de lo que ellos han marcado que está bien o no. 

Crítica: “Temblores” y el desprecio a la comunidad LGTBIQ+
Lo mejor: el compromiso de Jayro Bustamante de denunciar el tabú de la homosexualidad y las terapias de conversión puestas en práctica por los cultos católicas y evangélicos en Guatemala
Lo peor: el mismo día que se transmitió "Temblores", la Iglesia católica se opuso a que llamen matrimonio a la unión entre personas del mismo sexo en un nuevo desprecio de su parte a la libertad individual.
4.5Nota Final
Puntuación de Material Extra
Puntuación de los lectores 1 Voto